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Les tres opcions del Banco Popular

Dilluns, 19 desembre 2016

Emilio Saracho se encontrará con un banco herido que cuenta con tres opciones de futuro para salir de su crítica situación actual. De esas tres soluciones, una es buena, la otra fea y, la tercera, mala.

 
Banco Popular cambia de logo, de presidente, e incluso de plan de actuación para el futuro, pero las cifras van poblando de incógnitas el camino. La salida de Ángel Ron y la esperada entrada de Emilio Saracho como nuevo presidente calman en cierta medida a los accionistas, pese a que el futuro de la entidad es toda una incógnita incluso para sus propios trabajadores.

Antes de cerrar 2016, la entidad debe provisionar más de 3.000 millones de euros, y esas provisiones (que le permitirán cumplir con la nueva normativa europea) harán entrar en pérdidas al banco este 2016, tal como reconocen desde el propio banco. Malas cifras tras una mala gestión que sitúan a la entidad al borde del abismo.Existen tres soluciones; la buena, la fea y la mala.


La opción “buena”, o el “Proyecto Sunrise

En el escenario más idílico, Banco Popular creará una compañía aparte para gestionar el negocio inmobiliario, donde iría a parar parte de un balance de activos tóxicos superior a los 30.000 millones de euros. Esa nueva compañía, similar al llamado “banco malo”, y bautizada como “Proyecto Sunrise”, saldría a bolsa con la intención de lograr capital por valor de 6.000 millones de euros.

 
Una parte de ese capital se lograría mediante la emisión de deuda subordinada (de la que se haría cargo el banco popular), otra parte se adjudicaría en función del capital que tienen los accionistas mayoritarios del banco (Allianz, sindicadura de accionistas, Credit Mutuel, los del Valle…) y una tercera parte se colocaría mediante deuda senior entre inversores institucionales.


Esto último es un quebradero de cabeza para esos inversores, que consideran que los activos elegidos por la entidad para ese nuevo “banco malo” no superarían los 3.000 millones de euros. La mitad de lo que quiere captar Banco Popular.

Lo cierto es que, de lograrse esto, la entidad podría seguir superando obstáculos el próximo año, aunque debería lograr casi 7.500 millones de euros al año en venta de activos inmobiliarios para cumplir su plan previsto.

El Banco de España es, de cara a cumplir con el “Proyecto Sunrise”, uno de los principales obstáculos, porque no ve con buenos ojos la asunción de deuda subordinada por parte del banco de una compañía llena de activos inmobiliarios y que, de facto, son propiedad del propio banco.


Concretamente, el Banco de España considera que asumir esa deuda sería descapitalizar parte deBanco Popular para capitalizar una compañía en la que los activos pertenecen a la propia entidad. La parte que podría convencer a la entidad que preside Luis María Linde es el hecho de que, con la salida a bolsa de la nueva compañía, Popular sacaría de su balance la cuarta parte de sus activos considerados como “tóxicos”.

La opción “fea”, o como vender o fusionar Banco Popular

En esta opción han trabajado todos los grandes bancos de España. Desde Intereconomía.com hemos tenido acceso a los números que maneja BBVA a la hora de abordar una posible compra del Banco Popular. Para la entidad que preside Francisco González, la escisión del negocio inmobiliario es una condición indispensable, y pese a todo no está dispuesto a hacer una puja por la entidad que ahora preside Emilio Saracho.

Consideran que el valor en libros de Banco Popular no refleja el deterioro real de muchos de sus activos (ligados en su mayoría al sector del “ladrillo”, y solo valorarían una compra con un descuento superior al 30%, y la garantía de que la operación quedaría cancelada si se encuentra información no reflejada en el balance de la entidad. No se fía y, por el momento, no moverá ficha.

Para el Banco Santander la operación sería similar, y según un informe de Bank of America Merril Linch, ninguno de los dos grandes bancos (ni BBVA ni Santander) lograría una rentabilidad positiva de la compra del Popular.

Banco Sabadell ha reconocido en distintas ocasiones que estudiaba una fusión con la entidad, pero son conversaciones que no han llegado a buen puerto debido, una vez más, a la falta de garantías en los números. Una falta de garantías a las que hay que sumarles que, durante las negociaciones, Ángel Ron (hasta este mes de diciembre presidente de la entidad) y el núcleo duro de los accionistas del Banco Popular se han negado a que la entidad pierda su independencia, algo que ocurriría dado que Sabadell considera que está en la posición fuerte de esas negociaciones.

La opción “mala”, o como el Popular acaba en manos de los contribuyentes

La peor de las opciones, que para algunos fondos como Marshall Wace o AQR es una opción más que factible (fondos posicionados a la baja en el valor en bolsa, con cerca de un 9% del capital), contemplaría un rescate para el banco similar al que se produjo con Bankia.

Si el nuevo presidente y los principales accionistas no logran convencer a nadie para que participe en la nueva compañía inmobiliaria, la entidad necesitará una nueva ampliación de capital de 2.500 millones, lo que supondría una nueva dilución para los accionistas, y sería un simple flotador, porque el deterioro de los activos tóxicos (si se contabilizaran en su totalidad en el balance del banco) les llevaría a presentar pérdidas en 2017 casi con total seguridad, algo que seguiría arrastrando al valor, hasta el punto de necesitar capital de forma urgente y verse obligado a acudir al FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) como ya hicieran otras entidades.

Un final amargo para la entidad que podría además suponer un problema para el resto del sector bancario, que según la nueva normativa europea, tendría además que aportar buena parte de los fondos que recibiera el Popular desde el mecanismo de ayuda comunitario.

(Intereconomia.com: 19.12.2016) Ver noticia original

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